Diario XIX. Rock rural

Hay muchas cosas que echaremos de menos de esta experiencia de veinte días rodando en la montaña lucense, pero una especialmente, los amaneceres. Aquí el tiempo va despacio, dejando un poso más denso, también más afilado. Cada día, cuando el sol rompe, ya estamos en ruta hacia Cancelo, adelantándonos a los arqueólogos para grabar su llegada. A veces no lo conseguimos por los semáforos, que en la aldea son seres vivos de cientos de kilos y dos buenos cuernos. Así que mientras pasan las vacas, nosotros esperamos a un lado de la carretera, con el motor apagado y absortos en un sol perezoso que cada día calienta un poco menos. El otoño aún no ha asomado, pero el final del verano sí y las vacas parece que se lo toman con más calma. Su rock es rural y su ritmo también.

 

La vida cotidiana que rodea a Cova Eirós también forma parte de esta historia

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